miércoles, 31 de julio de 2013

Política, ideología, ética y gestión pública


Políticos experimentados plantean que no se puede ser rígido en lo ideológico si se está inmerso en la arena política. Algunos señalan que el que quiera ser rígido en lo ideológico, mejor se dedique a la actividad académica, por ejemplo y no a la actividad política.

Le doy cierta razón a esas afirmaciones, aunque ello no implique la ausencia de principios ideológicos. La vocación política requiere condiciones especiales que no todos tenemos. Entre otras un tremendo esfuerzo físico y mental,  sacrificios personales y familiares.

También hay una relación con la ética que suele ser obstáculo para ejercer la política. Así como la rigidez ideológica puede obstaculizar el ejercicio de la política, la ubicación ética de la persona también puede ser un obstáculo para la política. La ética en la política no es que no exista, pero se acomoda al objetivo político o a la postura ideológica del actor.

Por ello me cuento entre los que, aún cuando alguna vez en mi vida ejercí la política activa, no creo tener vocación para tan exigente oficio.

No soy antipolítico, soy de los que cree que la política es una de las actividades más complejas, maravillosas y útiles de la humanidad. Soy observador e inquieto de la política, pero no la ejerzo por considerar que no tengo suficiente capacidad y vocación para ello.

Prefiero dedicarme a la gestión pública, que se relaciona con la política e incluye el análisis político y estratégico, pero no es actividad  política propiamente dicha.

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